El Cañón del Colca en Kayak, el Más Profundo del Mundo
- Escrito por: Juan
Federico Zuazo F.
Fotografía:
Giancarlo Guglielmetti
- Es el cañón más profundo del mundo, sólo
unos cuantos han visto su corazón y no todos han vivido
para contarlo.
- En 1981 un grupo de siete polacos se internó por primera
vez en el Cañón del Colca. El descenso, programado
para dos semanas, tuvo una duración final de 45 días.
Enfermaron, se quedaron sin víveres, fueron revolcados
por los rápidos y les llovieron piedras que se desprendieron
de las paredes del desfiladero.
- En 1993, trece kayakistas -de Estados Unidos, Nueva Zelandia,
Israel, Perú y Chile- y una balsa, constituían la
Séptima expedición que intentaría descender
este río. Siete años después, Juan Federico
Zuazo recuerda la aventura.
Antecedentes Geográficos
El Cañón del Colca, de 100 km. de longitud, está en
el Departamento de Arequipa, Perú, y es considerado el cañón
más profundo del mundo. Se inicia en la localidad indígena
de Chivay (3600 msnm) y termina donde el Colca recibe al Andamayo,
y cambia su nombre al de río Majes.
En su parte más profunda el cañón tiene
paredes verticales de unos 1000 m. de altura, con una separación
no superior a los 300 m. Si se consideran las cumbres -Nevado Coropuna
(6425 m) y volcán Ampato (6310 m)- que se elevan por encima
de las terrazas en la parte superior, su profundidad máxima
es de 3400 m.
El río Colca es el más largo de la costa peruana.
En sus 388 km de longitud cambia cinco veces de nombre. En Canco
(punto de partida de la expedición) tiene aproximadamente
30 m3/seg de agua, y en los 56 km. de recorrido recibe a los ríos
Huambo, Mamacocha y a numerosas quebradas, que elevan sus caudales
a 55m3/seg. El cañón tiene 100 kilómetros, el río, de largo, mide
388 kilómetros. Lo que es factible bajar corresponde a 56 kilómetros.
Desde Canco, los primeros kilómetros tienen muy poco desnivel;
sin embargo, a la altura del río Ayo, alcanza su desnivel
máximo: 20m/km. El promedio es de 10m/km.
La Expedición
Salimos muy temprano desde Arequipa con rumbo al poblado de Chivay.
Enormes planicies desérticas, numerosos volcanes a la vista
y los casi 5000 m de altitud de nuestro recorrido eran sólo
el comienzo de esta gran odisea. De ahí en adelante comenzaba
la entrada a otro mundo, poblados muy representativos de la cultura
quechua, construcciones en adobe y roca, pero principalmente esas
series de terrazas de cultivo robadas a las verticales paredes
serían lo que marcaría nuestro ingreso a un territorio
que muy pocos seres humanos habían visto.
Jueves 5 de agosto.
Durante todo el día anterior habíamos transportado
nuestros kayaks y equipos a través del cañón
de Huambo, vía de entrada al cañón del Colca,
atravesando estrechos senderos y cuidando que las mulas que nos
acompañaban no cayeran por los despeñaderos. Eran
senderos zigzagueantes de no más de 50 cm de ancho. Por
un lado las verticales paredes y por el otro, un profundo acantilado.
La dificultad mayor radicaba en que cada uno de los expedicionarios
era responsable de su burro, el cual llevaba en su lomo atado un
kayak. La complicación estaba en que continuamente el kayak
chocaba con paredes de roca, lo que obligaba a ser muy cuidadosos
y evitar que el burro se despeñara con todo el equipo.
Finalmente llegamos a Canco, nuestro campamento inicial a orillas
del río. Al día siguiente visitaríamos las
Cascadas Juan Pablo II, hermoso salto de agua, denominado así por
los primeros polacos en descender este cañón. Esto
marcaría nuestro punto de partida en el río y a la
vez, nuestro último contacto con algún pueblo. Los
próximos tres días
avanzaríamos alrededor de 25 km., los rápidos irían
aumentando gradualmente su grado de dificultad en la medida que
más afluentes incrementaran el caudal del río, y
el paisaje no dejaría de impresionarnos por su sequedad
y abismante verticalidad.
Lunes 9
De aquí en adelante viviríamos una nueva visión
del día y la noche. Desde las 6 am hasta las 4 pm existía
luz solar. El sol, como tal lo veíamos solo unos minutos
por la profundidad en que estábamos inmersos. No tendríamos
espacio para armar carpas y tendríamos que dormir en cuevas
ya que estábamos dentro de un cañón en formación,
lo que significaba que por efecto de los cambios de temperatura
entre el día y la noche, y por el tipo de formaciones rocosas
era habitual escuchar derrumbes en la noche.
Esto nos producía una angustia y a la vez emoción
que solo comprenderán aquellos que estuvimos adentro ya
que no sabíamos lo que nos esperaba. Quizá los rápidos
descritos por las anteriores expediciones se hubieran complicado,
o peor aun, hubieran aparecido otros. Partimos de nuestro 3º campamento
alrededor de las 8 am. El día estaba despejado. Ya a la
primera de hora de descenso encontramos rápidos grado V
(en la escala de I a VI). En varios fue necesario alinear la balsa;
es decir, hacerla pasar por el rápido sin tripulantes, guiándola
solamente por cuerdas desde la orilla. Alrededor del mediodía
llegamos al rápido denominado Canoandes: dos cascadas muy
rocosas de dos metros de altura aprox., separadas por un pequeño
y turbulento remanso.
En los rápidos importantes se debía realizar un
scouting; es decir, el grupo se detiene antes, estudia los obstáculos,
monta un sistema de rescate y elige las posibles rutas a seguir.
Aquí la confianza juega
un papel importante. Ya en el agua, todo dependerá del remero...
y de los miembros del equipo que están alertas ante cualquier
problema. Durante el recorrido se experimenta una gran dosis de
emoción y adrenalina, y al finalizar el rápido es como si
volvieras a nacer, tu autoestima se potencia al máximo.
En Canoandes, sin embargo, la fuerza innegable del agua se hizo
presente: dislocó el hombro derecho de Giancarlo que, de
ahí en adelante pasó a aumentar el peso de la ya
sobrecargada balsa. Seguimos descendiendo rápidamente, dada
las escasas horas de luz disponibles, hasta encontrar un lugar
seguro para montar el 4º campamento. Llegamos a una especie
de caverna formada por una placa horizontal de piedra, de una sola
pieza, con más de 50 m, de largo por 20 m. de ancho. Frente
a nosotros, un pequeño hilo de agua caía desde una
altura de 80 m.
Lo llaman "la ducha de los cóndores". La mañana
siguiente, varias familias de cóndores tomaron un baño
matinal, pasando por debajo del rocío que deja la cascada
al reventar varias veces en su caída. En los días
siguientes avanzamos otros 20 km., encontrando numerosos rápidos
de dificultad media a alta. La sección que más preocupados
nos tenía era El Cañón de Reparaz, denominado
así en honor al historiador y estudioso del Colca Gonzalo
de Reparaz Ruiz; su dificultad radica en que es imposible hacer
un scouting antes de descenderlo. En esta parte, las paredes del
cañón alcanzan su máxima altura: alrededor
de 1000 m. verticales.
Eso significaba que deberíamos correrlo sin saber lo que venía
más abajo. Hasta el momento el río se había caracterizado
por ser un constante slalom entre rocas, por la imposibilidad de
escapar de él (una vez que se entra, sólo se sale 7 días después,
ni siquiera un helicóptero puede bajar, por lo estrecho del cañón
y por las fuertes corrientes de aire existentes), por la dificultad
de ver la ruta y por los innumerables "undercuts" o cuevas
bajo el agua, verdaderas trampas mortales si no se extremaban las
medidas de precaución. Extremando cualquier eventualidad, y haciendo
uso de técnicas de montaña y anclaje logramos "asegurar" el
descenso de cada uno de los integrantes. Todos corrimos Reparaz
con cero faltas, pero si con un gran nudo en la "guata".
Jueves 12
Habíamos dormido a las puertas del último gran rápido,
El Cañón de los Polacos, bautizado en honor al primer
grupo de expedicionarios que descendió el Colca. Es un cañón
de aproximadamente 500 m. de largo, de dificultad máxima
(VI), con enormes rocas y pasos de agua muy estrechos, imposibles
para
el
paso de una balsa. Se decidió portearlo, lo que significó trasladar
todos y cada uno de los kayaks, balsa y equipo por una pared prácticamente
vertical. La tarea nos tomó toda la mañana, pero
ya habíamos sorteado el último de los rápidos
que nos tenía preocupados. Más adelante venían
tres o cuatro rápidos de menor dificultad. Terminamos así nuestro
octavo día en el cañón. Este se abría
frente a nosotros, dando paso a un paisaje menos vertical, con
vegetación, muchas aves. En cierta manera, ellas nos saludaban
como si supieran de dónde veníamos y compartían
con nosotros la emoción de terminar con éxito la
empresa. La presión de tener que continuar obligatoriamente, la
angustia de que nada malo nos podía suceder eran el pan de cada
día, pero por otro lado, el haber sido partícipes de tan
intensa experiencia al descubrir un "nuevo mundo" harían
que este viaje lo repitiese 3 años después.
Este tipo de situaciones nos hacen reflexionar acerca de la importancia
real de conceptos como el compañerismo, la confianza en
ti mismo y tus amigos, la lealtad y sinceridad, valorizar la belleza
de las cosas mas simples que nos ofrece la vida. Pero más que
nada sobre la alegría de sentirse vivo.
Equipo recomendado
Kayak de río, específico para ríos
rocosos, corto y de gran volumen (modelo Rockit de Prijon) un
buen casco, ideal integral, 2 remos, uno de repuesto, cuerdas de
rescate,
poleas, mosquetones, saco dormir sintético con bolsa de
compresión
(modelo Artic de Doite), carpa para 2 personas (modelo Himalaya
de Doite), vestimenta de polipropileno para el campamento (ideal
Lifa Helly-Hansen), repelente
de mosquitos, GPS y mapa topográfico.
Epoca recomendada
Mediados julio-agosto (volumen de agua es ideal).
|